sábado, septiembre 27, 2008

Mi puerta color Marrón.

El era un niño común y corriente, jamás pensó que su vida se transformaría en una pesadilla el día que se enterara de la verdad acerca de su padre. Su papa era su única familia, ya que este lo adopto a los 10 años de un hogar de huérfanos. Tuvo 4 años de completa felicidad, Rafael su padre, le daba todo lo que podía desear. Pero ese mundo tan bello que parecía ser un sueño, fue destruido el día en que un oficial de policía llamo a su puerta.

-Se encuentra Rafael Díaz? – Pregunto el policía con tono grave y aterrador.
– No, mi padre salió de compras , para que lo busca?- contesto Andrés atemorizado por la presencia del hombre en su casa. –Eso no te incumbe a ti muchachito. Esperare a tu padre en la sala, no creo que vaya a tardar tanto-. Paso cerca de una hora y el niño esperaba impaciente el regreso de su padre. Se dio vueltas por la sala y se sentó frente al policía, como intentando descifrar lo que escondía en su mirada. Se sintió el ruido de unas llaves, seguidos por el cierre de una puerta. – Andrés ya llegue, ven y ayúdame a ordenar las cosas- grito el padre. El niño salió corriendo al encuentro de su padre y empleando una voz muy suave le dijo - Hay un señor que te espera en la sala-. Rafael miro extrañado a su hijo y se dirigió rápidamente a la sala para ver quien era el que lo esperaba. –Por fin ha llegado señor Díaz- dijo con astucia el policía,-Ya pensaba que se estaba escabullendo-. –Yo no tengo de que escapar señor- dijo con firmeza Rafael. –Yo que usted no estaría tan seguro, ha pasado mucho tiempo pero la ley siempre cumple-. –No se de que me esta hablando- respondió enojado Díaz ante el tono irónico del oficial.- Si lo sabe, no se puede borrar el pasado aunque cambie de identidad señor Díaz o mas bien digo Sergio Sanders-. –Ja, hace mucho tiempo que nadie me llama asi- respondió Rafael. –Lo suponía, nadie se atrevería a pronunciar el nombre del criminal mas buscado de todo Ocean Pacific-. –Que es lo que quiere de mi?-dijo Díaz.- Quiero que pague por todo lo que hizo de una buena vez-. Dicho esto el policía arresto a Díaz bajo la atónita mirada de Andrés, que veía perplejo como apresaba al único ser que le dio cariño en toda su vida. – Antes de llevarme podría hablar con mi hijo?- dijo Rafael muy enfadado. –Claro pero conmigo presente-. –Andrés, escúchame bien, debo irme, yo sabia que tarde o temprano esto ocurriría, no quiero que me vayas a ver a la cárcel, te lo prohíbo. Cuando salga vendré a buscarte, espérame hasta entonces, te quiero mucho-.-No te vayas papa- grito Andrés, pero fue tarde ya no había nada que hacer, su padre salía por esa puerta color marrón, la cual se llevaba para siempre la felicidad del niño.


Pasaron los años y Andrés espero pacientemente a su padre, pero el no vino nunca, no llego. Un día cansado de esperar fue hacia la cárcel, sabiendo que desobedecía la orden de su papa, al llegar pregunto por Rafael Díaz, y al no obtener respuesta por ese nombre utilizo el de Sergio Sanders. El gendarme le dijo que había muerto dos años atrás en una riña con otro preso. Al oír la noticia se le vino el mundo encima, ya no tenia motivo para vivir, había estado todos estos años albergando la posibilidad de que un día llegaría su papa por la puerta color marrón y le diría que todo volvería ser como antes. Sin embargo ahora se encontraba ahí, solo con 25 años, una gran fortuna que le dejo su padre, pero aun asi el no era feliz, quien podría serlo? Sino tiene a nadie con quien compartir sus logros. Entonces ahí Andrés comprendió que eso mismo sintió su padre a la hora de adoptarlo y sintió que debía hacer lo mismo que Rafael, buscar alguien a quien entregarle felicidad, darle la oportunidad que a el le dieron, pero esta vez no repetiría el error de su padre, esta vez el estaría con ese chico para siempre.


Fue a su antiguo orfanato y recorrió el patio, recordando el lugar donde estuvo 10 años de su vida, 10 años que cambiaron el día que llego Díaz a buscarlo. Su mirada se poso en una niña de unos 8 años aproximadamente que se encontraba en el viejo columpio donde el se sentaba todas las tardes a pensar en lo que sucedería al otro día. Esa niña tenia una mirada solitaria y cabello enmarañado, cualquier persona común no se hubiera fijado en ella a la hora de adoptar a un chico, pero Andrés era diferente, el sintió en carne propia el rechazo de las familias que siempre se llevaban a los recién nacidos y dejaban a los chicos mas grandes de por vida en el orfanato. Decidido entro a la oficina de adopciones y pidió a la niña. Después de pasar algunas pruebas y llenar unos papeles, por fin pudo tomar a la muchacha y llevársela a su casa, el la acogió con cariño, pero no como una hija, sino como su hermana, a la que le enseñaría como es la vida allá afuera, que no es un jardín de rosas, que también hay muchas espinas en el camino que nos dificultan el paso, pero la gente fuerte puede cruzar esas barreras y lograr salir adelante.


Y asi salieron de la mano del orfanato, dispuestos a enfrentarse juntos al mundo que los espera, y a toda la gente que quiera apartarlos de su felicidad.
Fin.

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